
...Difícil de resolver será la cuestión de si debería producirse el aborto selectivo de fetos genéticamente lisiados. Aquí, de nuevo, el meollo del problema reside en la manera en que percibimos la vida humana per se. ¿Exige su propia existencia que la apreciemos y la protejamos? Aquellos de nosotros que estamos científicamente bien informados acerca del ADN, actuamos de manera instintiva según la premisa de que los procesos aleatorios que gobiernan la replicación del ADN harán inevitablemente que algunos fetos humanos nunca puedan crecer hasta llegar a ser individuos funcionales y felices. ¿Acaso debe permitirse que estos fetos genéticamente dañados se desarrollen hasta llegar a niños cuyo sufrimiento les producirá, con toda seguridad, un dolor absoluto no sólo a ellos, sino a sus padres y a todas las demás personas que intentarán ayudarles? ¿Acaso habremos de negar la existencia de lo que percibimos que es la esencia de una vida humana real, la capacidad de desarrollarse en una persona que, al interactuar con éxito con las demás, contribuye a hacer que éste sea un mundo más interesante y compasivo?
Con el tiempo, podemos esperar que aquellas personas que nos ofrecen un liderazgo gubernamental y religioso mundial, y a través de sus respectivos caminos, basados ya sea en la razón, ya en la revelación, resuelvan el dilema de si una vida sin una probabilidad realista de desarrollarse hasta convertirse en una persona efectiva ha de continuar y enfrentarse a las condiciones intimidantes que el mundo siempre habrá de proporcionar.